Crítica de Casa con dos puertas, mala es de guardar

En esta veinticinco edición del Festival Hispanoamericano del Siglo de Oro Clásicos de Alcalá, la compañía extremeña Verbo Producciones nos trae una versión de la obra Casa con dos puertas, mala es de guardar de Calderón de la Barca, adaptada por Fernando Ramos.

La representación se llevó a cabo en el Corral de Comedias de Alcalá, un bellísimo espacio íntimo histórico, testigo de miles de representaciones y otras actividades culturales. La escenografía consiste en dos grandes estructuras practicables de base triangular con una puerta a cada lado, haciendo un total de seis puertas, de manera que los actores pueden entrar, salir y esperar en su interior, además de poder girar las estructuras sobre su eje para cambiar la puerta. Otros elementos de la escena son dos arcones, dos lámparas, una espada, un plato de uvas y unos velos.

La obra trata acerca de seis personajes, dos mujeres, dos pretendientes, una criada, un criado y un viejo que también pretende. Con esa alineación se presenta una comedia de amores y desamores, de celos, enojos y confusiones. En definitiva, de enredo. La dramaturgia adapta la obra de Calderón y le da un aire fresco, adaptado a la actualidad con temas y expresiones familiares, pero manteniendo la esencia de la comedia de enredo y parte del texto original en verso, sin estereotiparse y tomándose en serio. Da como resultado una mezcla muy interesante.

La obra fluye naturalmente durante sus noventa minutos sin hacerse pesada y manteniendo un ritmo constante sin ignorar los altibajos de los personajes. No cae en el tópico del siglo de oro, dando aires de grandeza al texto y a la interpretación, sino que se muestra en su esencia más natural y da una experiencia bastante cercana a lo que pudiera haber sido presenciar las representaciones al momento de su estreno original.

Las interpretaciones siguen la estela de lo expresado en el párrafo anterior. Son pura comedia, pura conexión con el público interpelándolo e interactuando físicamente con él bajando también al patio de butacas. La calidad de las interpretaciones es excelente para la representación, tanto en el aspecto textual como en el gestual. Hay mucho de este último gestual, que busca siempre al público. Se trata no sólo de una obra de teatro sino de una experiencia divertida, alegre, juguetona y desenfadada que remite a la más pura esencia del género del enredo.

Compartir esta noticia

Noticias relacionadas